Libros y en Busca de la Verdad

📜 Editorial: J. J. Benítez, Urantia y… el secreto detrás de Caballo de Troya??
J. J. Benítez siempre habló de fuentes. Muchas. Secretas. Pero también de una fuente principal que jamás reveló. Durante décadas, esa incógnita ha alimentado tanto su aura de misterio como las sospechas de sus críticos. ¿Cuál fue la matriz verdadera de Caballo de Troya?
La respuesta parece estar en un cruce de caminos entre un libro prohibido (El Libro de Urantia), técnicas de visión remota, la Cábala y un método numérico que lo obsesiona: el estudio del número Pi. Todo, envuelto en la pantalla narrativa de Jason y Eliseo.
- El Libro de Urantia: la matriz escondida
Urantia apareció en 1955 en Chicago, de origen anónimo. Mezcla cosmología, metafísica y un relato exhaustivo de la vida de Jesús. Allí Jesús no solo predica, sino que ríe, se enoja, duda, viaja y se mueve en un contexto histórico minucioso.
Quien lea Caballo de Troya junto al Urantia percibe un eco inconfundible. No es copia literal, pero sí un paralelismo estructural.
Ejemplos concretos:
Urantia, Documento 126:
“José murió cuando Jesús tenía catorce años. La familia se enfrentó a tiempos difíciles, y Jesús tomó sobre sí la responsabilidad de proveer el sustento.”
Caballo de Troya (fragmento de Jerusalén):
“La muerte de José fue un golpe brutal. Jesús, apenas adolescente, asumió de inmediato la carga de mantener a su madre y hermanos. Fue el sostén sin discutirlo, como si supiera que aquel peso era parte de su destino.”
La idea es la misma: un Jesús obligado a madurar prematuramente. Benítez transforma la frase seca de Urantia en un retrato emocional, con olores, tonos y silencios.
Otro caso:
Urantia, Documento 141:
“Jesús enseñaba a los doce que el Reino de los cielos no venía con espectáculo exterior, sino que estaba en el corazón de cada hombre.”
Caballo de Troya (fragmento del Sermón):
“‘El Reino no es un desfile ni un estandarte’, nos dijo con voz calma. ‘Es algo íntimo, escondido, pero vivo en el pecho de cada uno’. Y cuando lo dijo, tuve la sensación de que esas palabras eran fuego.”
El núcleo conceptual es idéntico, pero Benítez le da calor narrativo y la fuerza de una crónica vivida.
- Jason y Eliseo: la pantalla literaria
La invención de los dos pilotos que viajan en el tiempo no es tanto un recurso de ciencia ficción como una estrategia de ocultamiento.
Permite encubrir que la base proviene de Urantia.
Da un barniz de documento clasificado, muy al estilo de su narrativa conspirativa.
Y crea la ilusión de que “otros” escribieron el diario, mientras él solo lo edita.
Y lo escribe sospechosamente igual a su forma de escribir en todos sus libros…
En realidad, Jason y Eliseo simbolizan otra cosa:
Jason como el explorador psíquico (visión remota).
Eliseo como el cronista que organiza y verifica.
- La visión remota: el filtro invisible
Benítez lo dijo más de una vez: practicaba técnicas para “ver” a distancia. En los años 70–80, la CIA, la NASA y la KGB experimentaron con visión remota. Benítez, obsesionado con lo paranormal, lo habría usado para contrastar el relato del Urantia con su propia percepción.
De ahí brota la diferencia fundamental:
Urantia describe hechos, a veces casi en tono enciclopédico.
Benítez añade color sensorial: olores de la leña, miradas entre personajes, pausas, emociones.
Eso no estaba en los textos: es producto de un “ver” más allá.
- La Cábala y Pi: el laboratorio secreto
A esto se suma su faceta más esotérica:
La gematría cabalística, donde letras y números se entrelazan.
El estudio obsesivo del número π, en cuya secuencia buscaba mensajes y fechas escondidas.
Para Benítez, era un modo de validar lo que intuía o veía: si el número coincidía, si la raíz hebrea resonaba, entonces lo tomaba como confirmación.
Es decir:
- Urantia le daba el marco.
- La visión remota le daba experiencia.
- Pi y la Cábala le daban el “sello de autenticidad”.
- 2027: la confesión involuntaria
Y todo esto converge en un año: 2027.
Benítez lo menciona una y otra vez como fecha crucial. Nunca lo explica con claridad, pero deja entrever que será un cambio irreversible, un cataclismo o un despertar global.
Este dato no proviene de Urantia.
Podría estar en sus estudios de Pi, donde buscaba secuencias semejantes a fechas.
También en claves cabalísticas.
Y quizá, sobre todo, en la visión remota: un atisbo del futuro que vio pero nunca quiso detallar.
- Benítez como alquimista narrativo
Si juntamos todo, la figura que aparece no es la de un plagiador ni la de un simple fabulador, sino la de un alquimista narrativo:
Urantia le da huesos.
La visión remota le da carne.
La Cábala y Pi le dan sangre secreta.
Jason y Eliseo son la máscara que lo protege.
Y 2027 es el horizonte.
Conclusión
Benítez nunca revelará la verdad, porque perdería la magia del misterio que él mismo tejió. Pero quien compara, quien investiga, entiende que Caballo de Troya no nació de la nada: es un injerto magistral entre un libro prohibido, técnicas psíquicas y obsesiones numéricas.
El mérito de Benítez está en haber tomado ese material y transformarlo en relato vivo, humano, capaz de tocar a millones. No se trata de destruirlo ni de llamarlo plagiador, sino de decir lo evidente: su obra es la conjunción entre lo revelado y lo visto, entre lo prestado y lo sentido, entre lo que nunca quiso admitir y lo que no pudo evitar escribir.
Quizás, al final, el verdadero mensaje de Benítez no esté en lo que cuenta sobre el pasado, sino en esa fecha que dejamos caer como un descuido: 2027.
Fuente: 29 de agosto de 2027. Juanjo Eme. 2025.
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