PATRICK HARPUR Y LA REALIDAD DAIMÓNICA

PATRICK HARPUR Y LA REALIDAD DAIMÓNICA: CUANDO LOS OVNIS, LOS DUENDES Y LOS DIOSES HABLAN EL MISMO LENGUAJE.
Por décadas, los ovnis han sido tratados como un misterio tecnológico: naves, motores, civilizaciones extraterrestres. Patrick Harpur propone algo radicalmente distinto. Para el escritor y ensayista británico, autor de Daimonic Reality y Mercurius, el fenómeno ovni no pertenece al ámbito de la ciencia ficción ni al del error perceptivo, sino a una capa más profunda de la realidad: un “mundo intermedio” donde mito, psique y materia se entrelazan.
En una extensa y densa conversación con el podcast Third Eye Drops, Harpur despliega una visión que conecta abducciones alienígenas, folklore feérico, ángeles, demonios, sincronicidades y alquimia bajo un mismo marco interpretativo: lo daimónico.
LOS MISMOS SERES, DISTINTAS MÁSCARAS
Harpur explica que su giro conceptual comenzó cuando advirtió la continuidad histórica entre los relatos modernos de ovnis y las antiguas tradiciones populares: “Una vez que noté la continuidad entre las experiencias OVNI y las experiencias del folklore más antiguo, me di cuenta de que estas criaturas, estos seres, eran universales. No creo que haya una cultura que no crea en alguna forma de hada, genio, alienígena, ninfa, y así sucesivamente”. Para nombrar a estos seres, Harpur recurrió a la Grecia clásica: “Así que simplemente acudí a los antiguos griegos, para quienes estas criaturas eran comunes como sabemos por el mito griego, y ellos los llamaban daimones, y por eso yo adopté ese término”.
La clave, insiste, no es la forma externa, sino el lugar de origen:
“Ellos sabían dónde vivían los daimones. Sabían de dónde venían. Es todo un reino autónomo”. Ese reino, afirma, es análogo a uno de los conceptos centrales de Carl Jung: “Noté que eso era completamente análogo al inconsciente colectivo de Jung”. Los daimones no desaparecen: mutan.
“Los daimones que habitan estos lugares, estos reinos, estos estados mentales, independientemente de cómo quieras caracterizarlos, cambiaron su forma para adaptarse a los tiempos. Así que, lo que antes eran hadas, ahora son los llamados alienígenas del llamado espacio exterior, pero creo que provienen del mismo reino”.
NI LITERALES NI IMAGINARIOS: EL ERROR DEL MATERIALISMO
Para Harpur, la modernidad cayó en una trampa conceptual: obligar a elegir entre lo físico y lo ilusorio. Esa dicotomía, sostiene, aplana la realidad: “Esa ciencia y ese materialismo no explicaron lo paranormal hasta hacerlo desaparecer. Simplemente lo aplanaron. Nos cegaron ante las capas más profundas de la realidad”. Lo daimónico no es fantasía subjetiva ni fenómeno físico convencional: “No se trata de creer ingenuamente en cualquier raza alienígena, tipo de entidad o espíritu en particular”. Se trata, más bien, de reconocer una dimensión simbólica e inteligente de lo real: “Una donde las experiencias son simbólicas, sincronísticas, inteligentes y profundamente psicológicas sin ser simplemente imaginación”. Harpur denomina a este ámbito: “El reino daimónico, un mundo intermedio entre la mente y la materia”.
UNA BIOGRAFÍA MARCADA POR LO EXTRAORDINARIO
Lejos de llegar a estas ideas por pura especulación académica, Harpur relata una infancia inmersa en lo “extraño”: “Desde niño me interesaban, ya sabes, los sucesos maravillosos y los acontecimientos sobrenaturales… Mi padre, que es irlandés, había visto hadas y hablaba de ello como algo natural, realmente… Mi madre era una ferviente espiritista. Así que siempre estaba visitando médiums. Hablando con los muertos”.
En ese contexto, lo paranormal no era una anomalía, sino parte de la vida cotidiana: “Así que tuve un trasfondo en el que las cosas disparatadas eran bastante normales para mí”.
EL PUNTO DE INFLEXIÓN: ABDUCCIONES ALIENÍGENAS
El interés sistemático de Harpur se activó a finales de los años 80, cuando los relatos de abducciones se multiplicaron en los medios: “Las abducciones alienígenas fueron la clave, realmente, alrededor del año 89 o algo así. Sí. Se pusieron muy de moda”. Su reacción fue de escepticismo crítico: “Pensé: ‘sí, esto es ir demasiado lejos. Voy a llegar al fondo de esto’”. El resultado fue Daimonic Reality, aunque el propio autor reconoce: “Sobra decir que nunca llegué al fondo del asunto”.
Una de las observaciones centrales de Harpur es que los ovnis no actúan como máquinas coherentes: “Los OVNIs a menudo se comportan más como mitos que como máquinas”. Aparecen, desaparecen, engañan, se contradicen, producen mensajes ambiguos y efectos psicológicos profundos. Ese comportamiento, lejos de invalidarlos, los acerca al modo de operar de los daimones a lo largo de la historia. Harpur vincula estos fenómenos con una antigua forma de habitar el mundo, previa a la separación cartesiana entre sujeto y objeto: “Estábamos integrados en el mundo. Participábamos en el mundo exterior. Él nos reflejaba así como nosotros lo reflejábamos a él”. En ese contexto, las sincronicidades no eran excepciones: “Las sincronicidades eran simplemente una forma de vida en aquellos días”.
Hoy, dice, solo nos recuerdan algo que hemos olvidado: “Nos recuerdan que esta es, tal vez, una forma más veraz de considerarnos a nosotros mismos en relación con el mundo”.
MERCURIUS: EL CORAZÓN PELIGROSO DEL MUNDO DAIMÓNICO
Si Daimonic Reality sentó las bases del pensamiento de Patrick Harpur, Mercurius representa su inmersión más profunda, y arriesgada, en ese mundo intermedio. No es casual que la figura central sea Hermes-Mercurio, el dios de los umbrales, los engaños, los mensajes ambiguos y las transformaciones. Harpur es claro: hablar de Mercurius no es un ejercicio académico cómodo: “Entiendo que este es un territorio delicado incluso para intentar discutir esta figura”.
Mercurius no es solo un símbolo histórico; es una presencia activa en la tradición alquímica y esotérica occidental, un principio vivo que encarna la paradoja misma de la realidad: “El sistema de símbolos que hemos estado usando desde, no sé, no sé cuándo, todavía está ahí”.
El libro Mercurius se abre con una advertencia que, según Harpur, no fue exactamente “escrita” por él. El texto es leído durante la entrevista: “Sabe esto. Yo, Mercurius, he dejado un relato completo, verdadero e infalible de la Gran Obra. Pero te doy una clara advertencia: a menos que busques el verdadero oro filosófico y no el oro del vulgo; a menos que tu corazón esté fijado con intención inquebrantable en la verdadera piedra de los filósofos; a menos que seas firme en tu búsqueda, acatando las leyes de Dios con toda fe y humildad, y evitando toda vanidad, presunción, falsedad, intemperancia, orgullo, lujuria y flaqueza de ánimo; no leas más, no sea que yo resulte fatal para”. Cuando se le pregunta por el origen de este pasaje, Harpur responde sin rodeos: “Viene de Mercurius. Él me lo dictó”.
La advertencia no es literaria ni metafórica. Para Harpur adentrarse en lo daimónico transforma, y no siempre de forma cómoda o segura.
LA ALQUIMIA NO COMO METÁFORA, SINO COMO EXPERIENCIA
Harpur insiste en que la alquimia no sobrevivió siglos por error cultural: “Creo que la alquimia no habría persistido durante 400 años si no hubiera habido algún resultado real”. Pero ese resultado no es necesariamente fabricar oro. La alquimia es, ante todo, una transformación del ser: “Me puse a escribir sobre alquimia y se convirtió en una obra de alquimia”. El proceso lo alteró profundamente: “Mi visión del mundo cambió, ya sabes; dejé de ser un pequeño inglés occidental bien educado y me convertí en un filósofo esotérico loco”.
LA IMAGINACIÓN: NO UNA FUNCIÓN, SINO UN REINO
Uno de los puntos más importantes, y más radicales, del pensamiento de Harpur aparece cuando redefine la imaginación. Para él, no es una capacidad para “inventar cosas”, sino un lugar al que se accede: “Cambió mi visión de la imaginación: que no es algo que simplemente te permite inventar cosas”. La imaginación es un territorio transformador: “Es un reino en el que entras y que te transforma, y desde el cual luego hablas o escribes”. Esto explica por qué Harpur rechaza separar lo “inventado” de lo “recibido”: “No hay forma de que puedas decir ‘esta parte vino de otro lugar y esta parte simplemente la inventé’. No es así como funciona la imaginación”.
El proceso de escritura de Mercurius alcanzó un punto crítico durante una noche concreta, marcada por una tormenta histórica en Inglaterra: “Hubo una tormenta famosa en Inglaterra alrededor de 1986”. Esa noche ocurrió algo decisivo: “Mis manos empezaron a moverse por su propia cuenta, ya sabes, y escribí cosas que no he vuelto a tocar”. Harpur describe ese momento como una especie de “transparencia” ante Mercurius: “De repente me volví transparente para Mercurius por un breve tiempo y él escribió aquello”.
La advertencia inicial del libro surgió entonces, de una sola vez: “Me vino en una sola pieza”.
PARADOJA, SINCRONICIDAD Y REALIDAD
Para Harpur, el mundo daimónico es inseparable de la paradoja. La alquimia, como ese reino, es simultáneamente una cosa y muchas: “Es tanto una sola cosa como muchas cosas”. La paradoja no es un error lógico, sino una pista ontológica: “La paradoja bien podría estar en el corazón de lo que me atreveré a llamar realidad”. En ese contexto, la sincronicidad deja de ser una rareza psicológica: “Las sincronicidades ahora son solo cosas que nos recuerdan que nos hemos desconectado demasiado”.
LOS DAIMONES COMO MEDIADORES
Harpur retoma a Sócrates para definir la función última de los daimones: “Los daimones median entre nosotros y los dioses”. No lo hacen dando respuestas claras, sino provocando preguntas radicales: “De alguna manera te invitan a perseguirlos y terminas cuestionando la naturaleza misma de la realidad”. Ese cuestionamiento es, en sí mismo, el mensaje.
En el tramo final de la conversación, Patrick Harpur desplaza el foco desde los grandes fenómenos extraordinarios hacia algo más íntimo: el daimon personal. No como una simple metáfora psicológica, sino como una fuerza real que orienta la vida de cada individuo. Harpur cita directamente a Jung: “Como dice Jung, ya sabes, no es que yo quiera compararme de ninguna manera con ese gran hombre, pero él dijo: ‘sí, el daimon me impulsó implacablemente a realizar la tarea de mi vida’”. Para Harpur, esta idea no es una abstracción tardía. La había encontrado antes, en la poesía: “Escribí una tesis cuando era estudiante de grado sobre W.B. Yeats”. Y añade una afirmación clave sobre la naturaleza del daimon: “Cosas como el daimon solo pueden ser evocadas poéticamente, en lugar de ser clasificadas y descritas minuciosamente en detalles técnicos”. La razón es simple: lo daimónico se resiste a la disección racional: “Creo que probablemente sea cierto que todos tenemos un daimon personal”.
Harpur menciona la idea del “doble celestial”, presente tanto en la filosofía antigua como en obras contemporáneas: “La idea del gemelo celestial que dirige tu vida”. No se trata de una figura que se manifieste de forma espectacular, sino de una guía silenciosa, retrospectiva: “No es algo tan manifiesto”. La experiencia daimónica, explica, suele reconocerse a posteriori, cuando los hechos encajan: “Es mucho más simbólico. Es mucho más a toro pasado”.
Cuando se le pregunta por experiencias personales intensas de “despertar” a esta realidad, Harpur responde con una frase sorprendente: “No creo que lo haya perdido nunca. Tan sencillo como eso”. Sitúa ese contacto en la infancia más temprana: “Creo que lo tuve en mi primerísimo recuerdo”.
Esta afirmación refuerza una de las tesis centrales de la entrevista: no es que “accedamos” a lo daimónico, sino que lo perdemos: “No creo que lo haya perdido nunca”.
La conversación deriva hacia una reflexión profunda sobre la niñez. Harpur coincide con su interlocutor en que los niños viven naturalmente más cerca del otro mundo: “Es igualmente plausible que sea justo lo contrario: que a medida que envejecemos, perdemos el acceso”. El “velo” no se descorre con la edad; se espesa: “Tal vez cuando eres más joven, simplemente tienes experiencias totalmente naturales de cómo el velo se vuelve más fino”. La modernidad, sugiere Harpur, no nos hace más lúcidos, sino más ciegos.
Uno de los elementos más repetidos en relatos de encuentros con entidades, ya sean hadas, daimones o “aliens”, es la sensación de reconocimiento. Harpur escucha esta observación y asiente sin dudar: “Hay una sensación de familiaridad allí… Es como el momento de la anamnesis platónica”. Un recordar súbito: “Por supuesto que el alma del mundo es real”.
El impacto no consiste en descubrir algo nuevo, sino en recordar algo antiguo. Harpur subraya que estos encuentros rara vez se producen mediante lenguaje verbal: “Se están comunicando psíquicamente”. Es un “saber instantáneo”, no discursivo: “Un conocimiento instantáneo”.
Esta forma de comunicación es común tanto en relatos de abducción como en el folklore feérico y las visiones religiosas, reforzando la tesis de una fuente común.
REALIDAD INTERIOR Y EXTERIOR: UNA FALSA DIVISIÓN
En uno de los momentos más filosóficos de la entrevista, se desmonta la separación moderna entre mundo interno y externo: “Lo que está afuera está adentro y lo que está adentro está afuera”. Harpur describe el antiguo “universo participativo”: “Éramos micro-microcosmos en relación con un macrocosmos”.
La modernidad rompió esa relación: “Nos separamos a la manera cartesiana de un mundo exterior”. Las sincronicidades actuales son, entonces, residuos de ese antiguo modo de estar en el mundo. Cuando se pregunta si los llamados “extraterrestres” median entre humanos y dioses, Harpur responde con cautela, pero deja una idea clara: “Te invitan a perseguirlos”. No ofrecen certezas; provocan búsquedas: “Terminas cuestionando la naturaleza misma de la realidad”.
En ese sentido, cumplen la función daimónica clásica: desestabilizar, descentrar, transformar.
La visión de Patrick Harpur no tranquiliza ni confirma las suposiciones sobre civilizaciones interestelares. Su propuesta es más inquietante ya que propone que el fenómeno no viene “de fuera”, porque nunca estuvo fuera. Los ovnis no son máquinas fallidas. Las entidades no son alucinaciones. La imaginación no es fantasía.
Todo pertenece a un mismo reino intermedio que la modernidad olvidó, pero que sigue manifestándose. Como advierte Mercurius, leer, y comprender, tiene consecuencias.
“No leas más, no sea que yo resulte fatal…”
(Artículo basado en la entrevista “The Hidden Reality Behind UFOs, Entities & Synchronicities”, Third Eye Drops)
Fuente: RRSS: José Antonio Caravaca. 2025.
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