Encuentros OVNI: Historias y Características Clave


Los Ovnis y Sus Características

RADIOGRAFIA DE UN ENCUENTRO CERCANO

Después de analizar cientos de encuentros con OVNIs ocurridos en la segunda mitad del siglo XX, podemos trazar una especie de “modelo” de cuáles son las características principales de este tipo de experiencia.

El escenario suele ser lugares cotidianos: el patio trasero de una casa, una carretera solitaria o el campo cerca de una población. El testigo suele estar conduciendo, realizando una labor rutinaria, distraído o medio dormido. Entonces aparece el objeto. Todo empieza de forma sutil, con una sensación extraña de estar siendo observado, un zumbido suave parecido al de un transformador eléctrico, o una luz que llama la atención en el cielo. La persona no suele sentir miedo al principio sino más bien sorpresa o curiosidad. Entonces el OVNI o la luz puede acercarse lentamente, quedarse suspendido en el aire o posarse a cierta distancia. No tiene formas imposibles ni completamente extrañas, sino que recuerda a una versión algo distorsionada de nuestra propia tecnología, como algo retrofuturista: un disco metálico, una esfera, grandes ventanas, antenas, paneles con botones y luces de colores que parecen sólidas, pero que no iluminan como lo haría una luz normal. Todo parece hecho para ser visto, no tanto para volar, sino para impresionar al observador.

Dentro del objeto hay seres que miran fijamente al testigo. Son humanoides, de apariencia humana, aunque a veces son «otra cosa» más inquietante. Resultan familiares y extraños al mismo tiempo. Suelen llevar trajes de una sola pieza, cascos o mochilas con tubos, aunque cualquier vestimenta por inverosímil o ridícula que sea puede aparecer en estas experiencias. Su piel puede ser gris, azulada o verdosa, y sus ojos suelen ser grandes o rasgados. A veces saludan, a veces sonríen y otras simplemente observan en silencio, como si supieran que están siendo contemplados.

Durante el encuentro ocurre algo muy peculiar, el mundo se apaga… No se oyen coches, ni viento, ni pájaros. Se produce un silencio total que aísla al testigo del resto del mundo. Nada parece existir fuera de esa escena.

Los seres realizan acciones que parecen normales, pero que en el fondo no tienen mucho sentido: recogen tierra en bolsas, manipulan objetos como si repararan algo, o revisan los alrededores como si se hubieran perdido en su viaje. Si hay comunicación, suele ser mental, no hablada, y mezcla las preocupaciones del testigo con mensajes vagos sobre la humanidad, la ecología o el peligro nuclear. Lo extraño es que en muchas ocasiones se entregan a conversaciones naif, preguntan por los cultivos, por el tiempo o por cuestiones que nadie vincularía a un ente extraterrestre. Incluso pueden pedir agua que luego no beben. Y, de pronto, la experiencia llega a su fin. La nave puede elevarse y desaparecer en el cielo a velocidad vertiginosa, o simplemente desvanecerse en un instante, como si se hubiera apagado un proyector invisible.

El testigo vuelve entonces de bruces a la normalidad. A veces estuvo paralizado, a veces no sabe cuánto tiempo ha pasado. Busca huellas, marcas en el suelo o alguna prueba física, pero casi nunca encuentra nada concluyente. Sin embargo, algo sí queda anclado a su mente en modo de sueños extraños, sensaciones de haber cambiado por dentro y una gran curiosidad por saber que ha ocurrido.

Fuente: RRSS. José Antonio Caravaca. 2026.

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