El Vigilante y la Tercera Planta

Una noche como tantas, el vigilante se levantó de su lugar de trabajo para dar la ronda en el lugar que presta servicio. Era un hospital, un lugar con mucha pena, muerte y tristeza. No solía dar la ronda en según qué ubicaciones por precaución a las leyendas que le contaban sus compañeros, pero en ese momento tuvo que salir para hacerla sí o sí. Sabía que su compañero no iría con tal de no dejar el puesto solo. Cerró la puerta donde estaba y procedió a dar la ronda. Era la tercera planta donde se dice que ocurrían cosas, pero sin miedo, fue al ascensor. Ese hospital tenía varias plantas y tenía que ir de la planta 1 a la 6, una por una. Fue y le tocó ir a la 3. A las otras que fue, no ocurrió nada y pensó que haría en la tercera planta solo.
Al llegar con el ascensor, se abrió la puerta y en el mismo pasillo miró de derecha a izquierda. No sabía por dónde empezar y decidió ir por el lado derecho. Estaba la planta casi sin luz; solo quedaba una luz tenue de las luces de emergencias. Lo hacían para ahorrar luz y sabiendo que para qué tenerlas encendidas si no hay nadie. Pues bien, se fue por el pasillo con su linterna y no ocurrió nada. Fue mirando todo con tranquilidad y alerta. Un golpe en una puerta le puso en guardia y le llamó la atención. Fue hacia allá y no había nadie —el caso es que la puerta estaba cerrada—, la abrió y entró. No había nadie. En eso que sonó el walkie-talkie y era su compañero preguntando dónde estaba. Le comento que fue a dar la ronda y estaba en la planta 3. El compañero le comentó que esas rondas eran dos y que tuviera cuidado. Volvió a cerrar la puerta y la cerró. Luego, dando varios pasos, escuchó unas voces susurrando en el pasillo. El vigilante se paró y vio que venía de otra habitación. Al entrar, vio una mujer sentada en una butaca sola; miraba por la ventana desolada.
“El hospital, los vigilantes y lo sobrenatural. Cosas que ocurren de verdad y muchos lo pasan por alto”
El vigilante no sabía qué hacer, si o no acercarse, pero en ese momento la mujer se giró y le dijo que tomara asiento. El vigilante, abrumado, con la boca abierta, se acercó y se sentó sin quitar la mirada a esa mujer. El vigilante sabía que había cámaras de seguridad en el lugar y sabía que todo eso se estaba grabando. Aun así, el vigilante se acercó y se sentó en la butaca frente a ella. La mujer lo miraba sin decir más nada y el vigilante, alucinado, le comentó qué hacía ahí y la mujer no abrió boca y le sonrió. En eso que lo llamaron al walkie-talkie, dejando de mirar a la mujer y en ese momento desapareció. Se levantó y miró hacia todos lados sin verla. Aterrado, siguió dando la ronda sin novedad. Terminó llegando a la última planta y escuchando algo en las plantas de más abajo. Mientras volvía, fue pasando por las plantas hasta que llegó nuevamente a la tercera.
Cuando llegó, vio que todo estaba encendido menos una habitación; encendió la linterna y entró. Al poco de dar dos pasos, la linterna dejó de funcionar, encendiendo y apagando por momentos. En ese lapsus, algo pasó, algo cerca y rápido con sonido estridente de una respiración que ponía los pelos de punta a cualquiera. El vigilante se asustó y se quedó quieto, casi sin moverse, pero esa cosa aún seguía en el lugar. Ni respiraba con tal de que lo que fuera lo dejara tranquilo. Algo ocurrió en ese lugar que no dio crédito y más sabiendo que es un hospital. Él pensó que esas cosas pasaban en las películas, pero es verdad que lo que le estaba ocurriendo fue espeluznante y desconcertante para él. Claramente, él sabía que esas cosas no ocurrían en la realidad y pensó que a los que les pasaba eran personas con problemas psicológicos. Ese lugar estaba cargado de algo que la oscuridad y la poca luz de la linterna tapaban. No sabía si salir corriendo o quedarse quieto. Recordó que tenía el walkie-talkie.
“Una habitación del pánico donde el vigilante no tenía control. No sabía qué ocurría, pero lo sobrenatural estaba presente”
Quiso dar la voz de alarma por el walkie-talkie, pero no pudo. Tenía interferencias y, mientras lo hacía, dio pasos hacia atrás para salir del lugar, pero lo curioso de todo es que no había salida. No sabía dónde estaba la salida. No se veía nada al frente, solo paredes. Hizo lo posible para saber dónde estaba la salida, pero lo único que conseguía era tener más ansiedad de la que tenía. Algo rondaba en el lugar en la misma oscuridad; tenía miedo, pero nadie sabía que estaba dentro del sitio esperando que lo encontraran. De la nada, salió un bulto gritando y le golpeó; incluso, lo poseyó sin piedad. El vigilante retorcido quedó inconsciente sin más. Pasó un rato y los compañeros lo buscaron. Llegaron al punto donde estaba el compañero, pero no encontraron nada. En el ambiente se escucharon voces y los vigilantes, asustados, buscaron y buscaron sin encontrar nada. ¿Dónde estaría? Creo que eso será otra historia. Nunca se supo dónde quedó. Igual sería un portal o esa cosa se lo llevo al mismo infierno.
Saludos a todos.
Miguel Ángel
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