El cerebro depredador…


Imagen de archivo de DSK en París en 2009. | Foto: El Mundo La ciencia intenta descifrar qué lleva a un hombre a violar a una mujer Expertos dibujan un perfil narcisista, osado e incapaz de aceptar el ‘no’ Ángel Díaz | Madrid Actualizado lunes 23/05/2011 08:22 horasDisminuye el tamaño del textoAumenta el tamaño del textoLa detención en Nueva York del ex presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, acusado de agredir sexualmente a una mujer, ha despertado en la opinión pública mundial una inquietante pregunta: en el supuesto de que las acusaciones sean ciertas, ¿por qué un hombre que lo tiene todo en la vida siente –y consiente– semejante impulso criminal? Los científicos han tratado ampliamente el problema de la violación de hombres contra mujeres, extendido en todas las culturas y todas las épocas de la historia. No existe un acuerdo total sobre cuál es el origen de esta conducta. Unos piensan que proviene de restos evolutivos grabados en nuestra psique. Otros ponen el acento en los trastornos de personalidad o los condicionantes sociales del violador. Ninguna de estas teorías es incompatible con la figura del agresor triunfador e influyente, en la que –siempre según la Fiscalía de Nueva York– cabría encasillar al político francés. Más bien al contrario, las relaciones de poder sobre la víctima, el deseo de conquistar lo inalcanzable, la arrogancia y el narcisismo son rasgos característicos en la personalidad de los violadores, o al menos en algunos de ellos. Cierto grado de osadía y determinación, sobre todo en determinados contextos y en su justa medida, son necesarios para alcanzar el éxito en numerosos oficios. Y no hace falta acudir a ejemplos de la política internacional o las altas finanzas, un ambiente en el que Strauss-Kahn se ha desenvuelto con soltura durante toda su vida. El problema aparece únicamente cuando estos rasgos se expresan de forma exagerada y, a veces, patológica. El amor desmedido por uno mismo puede desembocar en una falta de empatía hacia los demás y en sentirse con derecho a aquello que está prohibido para el resto. Estas dos cualidades, narcisismo (amor patológico por uno mismo) y reactancia (impulso por desafiar las normas), son los que mejor explican el perfil del violador de acuerdo con un estudio realizado en 2002 por investigadores de la Universidad Case Western Reserve, en Cleveland (Estados Unidos). Antisociales pero integrados La psicóloga Margarita Ortiz-Tallo, profesora de la Universidad de Málaga, destaca, además, otra característica: la personalidad antisocial. Ser antisocial no quiere decir vivir marginado o estar en la cárcel, aclara esta experta. Hay personas con rasgos antisociales muy marcados y que, sin embargo, logran adaptarse perfectamente a su entorno, incluso tener trato afable con los demás (cuando les interesa). Hitler sería el ejemplo paradigmático. Es difícil imaginarse una personalidad más antisocial, pero fue aclamado por las masas y llegó a dominar media Europa. “El antisocial no tiene miedo a nada: es atrevido, aventurero, le gusta el riesgo… Pero no empatiza, no siente lástima por lo que le esté pasando a otra persona. En los estudios con violadores suele encontrarse este rasgo; y también en maltratadores”, explica Ortiz-Tallo. Se ha debatido mucho estos días sobre si Strauss-Khan responde o no a los rasgos típicos que se esperan de un agresor. Antiguas amantes han dicho que tendía al sadismo en sus relaciones, y una periodista le ha acusado de un intento de asalto anterior que no fue denunciado en su momento. Michael Taubmann, autor de la biografía autorizada del político, ha declarado, sin embargo, que se trata de “un seductor reconocido, pero no responde al perfil de un violador”. Definición legal Los cargos concretos contra Strauss-Kahn no incluyen la violación, pero sí el intento, junto a un variado repertorio de agresiones sexuales. En España, el hecho delictivo que se le atribuye sí podría entrar en la categoría de violación. El artículo 179 del Código Penal considera dentro de esta definición al “acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de miembros corporales u objetos por alguna de las dos primeras vías”. Las acusaciones contra el ex director del FMI reflejan varias de estas agresiones, por lo que la distinción entre violación y otras figuras penales es una cuestión jurídica, que varía de un país a otro sin afectar por ello a la definición científica del perfil del atacante. Existe una clara diferencia, en cambio, entre el violador de niños y el de mujeres adultas. El primero emplea, habitualmente, tácticas más sutiles y engañosas para acercarse a sus víctimas. El uso de una fuerza física desatada y repentina, como el que la Fiscalía atribuye a Strauss-Kahn, es característico del violador de mujeres adultas, el cual “suele ser más presuntuoso, violento e impulsivo”, según indica Ortiz-Tallo. Deseo de control El psicólogo social Roy Baumeister y sus colegas, autores del estudio antes mencionado, explican así su teoría de la violación, como una agresión guiada por el narcisismo y ‘reactancia’: “Un hombre desea sexo con una mujer particular y piensa que tener sexo con ella debería ser una opción para él. Ella rechaza sus avances, sin embargo, y por tanto elimina esa posibilidad. Él se enfrenta entonces a una decisión: aceptar la negativa o usar la fuerza para obtener sexo. La ‘reactancia’ provoca el impulso de reclamar la opción perdida, y el narcisismo incrementa la posibilidad de tomar el camino de la coerción”. De acuerdo con este modelo, el mecanismo que pondría en marcha la agresión en el cerebro del atacante sería un desproporcionado deseo de control sobre sus propias decisiones. La mayoría de la gente entiende que su libertad queda anulada en el momento en que colisiona con la integridad física de otra persona (si no antes). Pero el violador no es capaz de aceptar que la decisión no esté en sus manos, ni depender de la voluntad de otros. Rechazo ‘intolerable’ La ansiedad y la rabia causadas por lo que el agresor considera una “pérdida de libertad” se ven incrementadas en el caso de las personalidades narcisistas, según los autores del estudio. “Un narcisista podría encontrar especialmente intolerable que una mujer eligiera tener sexo con otro hombre al tiempo que le rechaza a él, porque él se considera a sí mismo superior a los otros hombres”. Strauss-Kahn, a quien apodan el ‘Gran Seductor’, ha cultivado una imagen de galán dominador y profesional aguerrido. Está –o estaba– considerado por muchos como la gran esperanza del socialismo europeo, y hasta se dice que saludó a una azafata de vuelo, minutos antes de ser detenido, a la voz de “¡bonito culo!”. Le gustan los coches deportivos, viste trajes de lujo y se le atribuyen numerosas amantes. En el supuesto de que las acusaciones se confirmaran, podría encasillarse dentro del perfil del violador narcisista, incapaz de asimilar un no por respuesta. Sin embargo, la mera presencia de estas cualidades no convierte a nadie en un violador, y aún habría hechos que no encajarían en el caso de Strauss-Kahn. “¿Cómo puede caer un hombre tan hábil en una situación tan tonta? Esa es la cuestión que desconcierta a mucha gente”, interroga el doctor Luis de Rivera, director del Instituto de Psicoterapia e Investigación Psicosomática de Madrid. Explicación psicoanalítica Según este experto, el psicoanálisis ofrecería una posible explicación: “Se han descrito casos de personas poderosas que dedican toda la energía a dominar el mundo exterior y se olvidan de aprender a dominar sus impulsos. Son capaces de hacer grandes sacrificios para seguir su ambición, pero hay una parte de su energía que no saben controlar, y que se descarga en forma de apetito sexual. Es un sexo que no tiene que ver con el amor ni con la otra persona; es una descarga sexual primitiva”, explica De Rivera. Si este fuera el caso, el hombre poderoso que ataca de repente a una mujer podría explicarse como “un cortocircuito, una pérdida de control sobre sus impulsos”. La voluntad del agresor no sería, en estas circunstancias, hacer daño a la víctima. Simplemente, hay algo que ocurre en su cabeza y que le conduce a comportarse “como un orangután”, concluye este psiquiatra. Psicología evolutiva El ejemplo del orangután no está puesto al azar. Hay muchos animales en los que se han observado conductas equiparables a la violación. La mecoptera o mosca escorpión tiene un órgano sexual exclusivo para copular mediante coerción con las hembras de su especie. Pero las hembras de los orangutanes son las únicas que tienen suficiente desarrollo psicológico como para mostrar su rechazo, al igual que ocurriría en una agresión entre humanos. La psicología evolutiva defiende, de hecho, que la violación de mujeres tiene su origen en una adaptación evolutiva. Nuestros antepasados se habrían beneficiado de esta práctica porque les permitía fecundar hembras jóvenes y fértiles a las que, de otro modo, no habrían tenido acceso. Eso significaría que el impulso agresor aún se conserva en nuestros genes y, potencialmente, cualquier hombre podría caer en él.

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