Casos extraños en España…


GLORIA MARTINEZ RUIZ EN NUESTRO RECUERDO

Un juzgado cree que se les puede achacar un “comportamiento omisivo” en el deber de custodia de un paciente ingresado

El juzgado de primera instancia número cinco de Alicante ha condenado la doctora María Victoria S.L. y a la mercantil Zopito S.A.L., propietaria de la clínica Torres de San Luis, a pagar solidariamente 60.000 euros por daños morales a la familia de Gloria Martínez, la joven que fue ingresada en 1992 en la institución sanitaria y se encuentra desaparecida desde entonces.

La sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, condena a pagar 60.000 euros a la empresa propietaria de la clínica y a la médico psiquiatra María Victoria S.L., quien trataba a Gloria Martínez, en concepto de indemnización por daños morales, sin hacer imposición de las costas procesales a ninguna de las partes, a pesar de que la acusación reclamaba 150.253,03 euros.

Según sostiene el fallo, se puede achacar un “comportamiento omisivo” en la empresa que “tiene un deber legal de custodia sobre la persona de interno con objeto de evitar los males” que pudieran derivarse “de su incontrolada conducta”.

A este respecto, indica “la estancia en la que fue ingresada Gloria Martínez formaba parte de un bungalow, carente por completo de medidas de seguridad”, con “una ventana que no tenía reja ni cualquier otro tipo de medida de seguridad para impedir que fuera abierta”. De igual modo, “el recinto de la clínica estaba rodeado por una tapia que en el punto más bajo alcanzaba el metro y medio de altura, por lo que era muy fácilmente superable”.

Sin embargo, el tribunal decidió absolver al gerente de la clínica Ramón R.M. de todos los pedimentos formulados en su contra y estableció un plazo de cinco días para que los demandantes puedan interponer recurso de apelación ante la Audiencia Provincial de Alicante, algo que ya ha sido confirmado por la defensa.

En este sentido, la sentencia argumenta que a pesar de ser el gerente de la clínica y de estar formalmente apoderado por el consejo, “limitaba sus funciones a las de tipo administrativo, financiero y de personal”. Así, “ninguna de las cuestiones médicas estaba relacionada con su ámbito de actuación, ninguna decisión de ese tipo le era consultada” y “se limitó a formalizar los trámites administrativos del ingreso de Gloria y a tratar el asunto económico con los padres”.

Según la sentencia, Ramón R. “desconocía por completo el tipo de dolencia de la menor o los problemas que podría plantear y la adecuación del centro a sus padecimientos”, por lo que “no concurren en él los requisitos para que pueda ser declarada su responsabilidad extracontractual”.

HECHOS

Gloria Martínez fue ingresada en la clínica Torres de San Luis en octubre de 1992, con 17 años, por indicación de la médico psiquiatra María Victoria S.L. y con el consentimiento de los padres. El centro, perteneciente a la mercantil Zopito S.A.L., estaba registrada como centro de tratamiento del stress y el relax.

En el folleto de presentación de la propia clínica se desprende que su director médico era Jesús Nahmías de Torres y que la adjunta a la dirección era María Victoria S. L., el subdirector era Luis Javier R.L. Además, indicaba que los tratamientos que ofrecían eran los de neurosis, depresiones, alteraciones de la nutrición, adicción y trastornos somáticos.

La clínica pertenecía a la empresa Zopito S.A.L., constituida por la directora S., que en la fecha de los hechos continuaba siendo socia y secretaria del consejo de administración. En cuanto a la gerencia, en 1992 fue nombrado Ramón R.M., primo del doctor Luis Javier R., que se ocupaba de la administración, finanzas y personal, sin intervenir en asuntos médicos.

De hecho, de las cuestiones médicas se ocupaba la doctora S. y el doctor R. Entre ellos no había relación jerárquica y cada uno de ellos se ocupaba de sus pacientes “de forma completamente autónoma y sin dependencia”.

La sentencia considera como hechos probados que Gloria Martínez “fue paciente de la doctora S. de inicio a fin, ya que fue tratada por ella en su consulta privada pro primera vez cuando contaba 14 años y fue la doctora S. quien indicó su ingreso y ordenó la medicación que le tenía que ser su ministradas y las condiciones de su internamiento”.

También señala que en la fecha en la que se produjo el hecho ambos doctores, únicos que prestaban servicio en la clínica, permanecían de ocho de la mañana a tres del mediodía y no por la tarde. Concretamente, la noche del 29 de octubre de 1992 “el único personal que permanecía de servicio en la clínica estaba formado por una enfermera y una auxiliar”.

Gloria Martínez fue ingresada en la mañana de 29 de octubre “sin que en ese momento presentara un estado de especial excitación, agresivo o violento, síntomas que se manifestaron una vez sus padres habían abandonado el centro y cuando se encontraba en su habitación asistida por una auxiliar”, quien “hubo de pedir ayuda, impidiendo físicamente que Gloria se marchara” y que necesitó la ayuda de los doctores S. y R.

MEDICACIÓN.

Después de este episodio, la doctora S. ordenó que fuera contenida y medicada, para lo cual fue necesario la intervención de varias personas. La doctora S. abandonó la clínica en un momento en el que Gloria estaba “tranquila”, aunque de madrugada Gloria pidió que la desataran para ir al baño y, una vez allí, la joven comenzó a “cambiar de comportamiento y volviendo a alterarse de forma notoria”, por lo que una de las auxiliares acudió en busca de un responsable de mantenimiento de la clínica, que hacía labores de mecánico y jardinero.

En un momento, según la sentencia, Gloria “se escapó por la ventana del bungalow y Amparo no pudo retenerla”, por lo que “salió por la puerta en su persecución sin conseguir verla ni alcanzarla”. Desde ese momento y hasta la fecha, “no se han recibido noticias de Gloria, sin que conste en autores que se haya declarado su ausencia legal o fallecimiento”.

El juzgado señala que en el relato de los hechos ha habido “desde el inicio contradicciones en las distintas declaraciones sobre cuestiones concretas que no han podido ser superadas, tratando de ajustar lo que se declara probado a lo necesario a los fines de este proceso, que no puede ni debe ser remedo del penal que fue provisionalmente sobreseido”.

Por otro lado, también indica que la Conselleria de Sanidad informó que del expediente instruido en su día “se desprende que se trataba de un centro sanitario para el diagnóstico y tratamiento de trastornos emocionales menos graves y no de un centro de ingreso psiquiátrico”.

Tampoco estaba clasificado como centro hospitalario por la Conselleria, ya que para la autorización administrativa de un centro sanitario destinado a tratamiento de enfermos mentales en régimen de internamiento se exigen ciertos requisitos.

Entre ellos, según añade la sentencia, la idoneidad de las instalaciones de alojamiento y equipamiento e higiene y salubridad, adecuación de lo construido a los fines asistenciales, seguridad y protección contra incendios, personal sanitario facultativo, de enfermería y auxiliar en posesión de titulación específica, debidamente acreditada, cuyos turnos horario permitan la asistencia continua a los pacientes ingresados.

Además, el juez desestima la excepción de prescripción articulada por la defensa alegando que “no se deduce ningún abandono ni renuncia de derecho por parte del demandante”. Considera que “con la fuga y desaparición de Gloria, se produjo un hecho dañoso que constituye al tiempo una obligación contractual y una yuxtaposición de responsabilidades”, por lo que también existió una obligación extracontractual.

GLORIA MARTINEZ RUIZ era una chica normal de 17 años, que vivía en Alicante con sus padres y su hermana menor. Tenía problemas de ansiedad, insomnio y pérdida de apetito, por lo que sus padres temían que aquello pudiera derivar en una anorexia o una bulímia. O quizás en una depresión severa.

Por ello, los padres la llevaron a la consulta privada de una psicóloga, la doctora Soler.
Su actitud fue la misma que hubiera hecho yo.
Al complejo “Torres de San Luis” se le ha llamado siempre clínica, pero es más lo que conocemos por una “casa de reposo” que un hospital o clínica propiamente dicho. Está situada en el término municipal de Alfaz del Pí, en pleno campo, rodeada por algunos chalets dispersos y cercana a la autopista A-7.
Una Sociedad Anónima explotaba dicha clínica, formada por cuatro socios. Uno de esos cuatro socios era Alfonso Calvé, Gobernador Civil de Alicante en aquel momento.
Dada la incompatibilidad del cargo de Gobernador, Alfonso Calvé era un simple socio, no administrador o director de dicho negocio.
Esta “clínica” estaba destinada a pacientes estresados, curas de reposo y demás patologías no severas. Por ello no contaba (tal y como manda la ley) con presencia médica las 24 horas del día. Ni sus instalaciones estaban preparadas para ciertas intervenciones médicas (quirófanos, salas de recuperación, etc.)
La noche que desapareció Gloria estaban de guardia dos enfermeras, una de ellas titulada como ATS y la otra como auxiliar. Ese era el único personal con cualificación médica.Completaban el personal un matrimonio de trabajadores rumanos. Él se dedicaba a tareas de jardinería y mantenimiento, y ella a tareas de limpieza y cocina. El matrimonio se alojaba en uno de los bungalows destinados a personal.
La doctora Soler, psicóloga, es la que estaba tratando a Gloria de sus problemas de ansiedad e insomnio en Alicante capital. Dicho tratamiento lo llevaba a cabo en su consulta privada. Trató a Gloria durante casi un año, y la chica parece ser que fue mejorando. En un momento dado, insistió en que Gloria tenía que hacer terapia de grupo, pero ella se negó, diciendo que no le apetecía contar sus problemas ante un montón de desconocidos. A raíz de esto Gloria abandonó el tratamiento con la doctora Soler. Poco después empeoró, y los padres la volvieron a llevar a la consulta. La doctora Soler se empeñó que para tratar a Gloria adecuadamente había que ingresarla unos días en la clínica “Torres de San Luis”
Como todos sabemos, Gloria Martinez Ruiz desapareció de la clínica la madrugada del 30 de octubre de 1.992. Según los responsables del centro, Gloria estaba atada a su cama cuando pidió a la enfermera que la dejara ir al baño. La enfermera la desató y Gloria aprovechó este momento, a pesar de estar sedada, para propinarle un fuerte empujón a la enfermera, salir corriendo en plena noche, saltar una valla y fugarse. Gloria huyó sin sus gafas ni lentillas, y estos elementos eran básicos para ella: tenía una miopía de 8 dioptrías en cada ojo.
Para realizar la fuga, Gloria tuvo que saltar varios muros, atravesar los jardines (algunos de ellos con cactus) y por fin saltar la valla por una zona en que ésta medía aproximadamente 2 metros.
La fuga fue sobre la 1,30 de la madrugada, pero no se avisó ni a los padres ni a la policía hasta las 8 de la mañana, aproximadamente.
La policía registró toda la zona, no viendo ninguna evidencia de que Gloria saltara por donde lo hizo (jardín intacto, ausencia de manchas de tierra en la pared, etc.). Fueron ellos los responsables de llevar las diligencias por este caso, y desde el primer momento lo trataron como si de una desaparición vulgar y corriente se tratara. La explicación que todo el mundo daba -excepto los padres- era que Gloria no quería estar en la clínica, se puso nerviosa y se fugó de allí…
Pero en el año 1994 todo cambió…, justo cuando una jueza de instrucción se tomó el caso más en serio.
Esta jueza ordenó limpiar los numerosos cañaverales que había por los barrancos de la zona, drenar pozos ciegos y limpieza de matorrales. También ordenó un registro exhaustivo de la clínica, incluyendo el vaciado de la fosa séptica. Allí encontraron una bolsa con pertenencias de la chica; ropa interior y un cinturón. Surgió una nueva declaración, en la que la enfermera dijo que Gloria “se había orinado encima” y que por eso se la tuvo que cambiar de ropa.
A esas investigaciones se le añadió un análisis grafológico de los escritos de Gloria en la clínica, en la que se demostró que esa noche estaba fuertemente sedada.
Judicialmente hablando, esta desaparición se trató como una desaparición voluntaria durante dos años. Y no se halló indicios de conducta criminal en los responsables de la clínica. Los rastreos de los terrenos colindantes dieron resultado negativo y los jueces no vieron responsabilidad penal en los responsables de la clínica. La clínica era deficitaria y no ganaban ni para cubrir gastos. Pero los médicos cobraban puntualmente.
Parece más que lógico que Gloria no huyó de la clínica como pretendían hacernos creer.
Por la provincia de Alicante el rumor más extendido fue que aquella noche una auxiliar incompetente y una ATS más incompetente aún se pasaron con los calmantes y mataron a la chica. Asustadas llamaron a los médicos (entiéndase dra. Soler) y no se les ocurrió nada mejor que desacerse del cadáver, en vez de dar la cara.
Pero… ¿por qué hacer esto?
Parecen obvios varios motivos:
1.- Clínica deficitaria (Gloria era la única paciente aquel día) el escándalo de una muerte sería el fin para ellos.
2.- Médicos y enfermeras que se tendrían que someter a comités deontológicos, y a los más que seguros juicios.
3.- El pago de una auténtica fortuna en concepto de indemnización a los padres de Gloria, pues su muerte se hubiera producido por imprudencia temeraria y abandono de paciente.
4.- Y aunque no tuviera nada que ver con el hecho en sí de la muerte, el escándalo político. Uno de los socios era el Gobernador Civil de Alicante.
En fin, como se puede ver a los dueños de la clínica les costó el cierre, pero en materia económica y profesional, les salió muy barato.
Pero, como hemos dicho, todo ésto fueron rumores que circulaban por toda la provincia.
Chuparse el dedo es cosa de niños… al igual que creerse todo lo que te dicen
Pero, 15 años después, en “Alicante en el recuerdo” no somos muy dados a olvidar el pasado.
Ya nos conocéis.
Por ello, actualizamos y ponemos al día este llamamiento:

El ‘caso Alcàsser’ de Palencia

Las niñas Virginia Guerrero y Manuela Torres desaparecieron en 1992 tras hacer autostop

Manuela Torres y Virginia Guerrero

Es que hay alguna noticia sobre esa niña?”, inquiere un vecino cuando se le pregunta por el domicilio de Trinidad Espejo. Y es que todo el mundo sabe en Aguilar de Campoo (Palencia) que La Trini es la madre de Virginia Guerrero Espejo, de 15 años, que desapareció hace más de 14 años junto con su amiga Manuela Torres Bouggefa, de 16. Desde entonces no ha habido el menor rastro de ellas. Como si se las hubiera tragado la tierra. Ocurrió en 1992, apenas siete meses antes de la desaparición de Mirian García, Antonia Gómez y Desirée Hernández, las llamadas niñas de Alcàsser (Valencia). Los cadáveres de estas tres adolescentes fueron hallados a finales de enero de 1993 en un monte de Tous, donde habían sido enterrados por Miguel Ricart y Antonio Anglés, fugitivo de la justicia desde que en aquellas fechas lograra escapar de Portugal oculto en un barco mercante.

Todas las amigas coinciden en que La Trini no suele hablar jamás de su hija y que tampoco lo hará 14 años después de “aquello”

Virginia y Manuela eran amigas inseparables. Pasaban juntas muchas horas del día. Y muchas noches, la primera dormía en casa de Manuela, según una vecina de Aguilar de Campoo que asegura que conocía a las muchachas “desde que nacieron”.

Virginia formaba parte de una familia de cuatro hermanos (dos de ellos mujeres y dos varones, uno de los cuales es sacerdote). Ni ella ni su amiga Manuela eran buenas estudiantes. “A esas chicas les gustaba mucho el bailongo”, recuerda una mujer que diariamente juega una partida de naipes con Trinidad en el hogar del pensionista, a tiro de piedra de la colegiata de San Miguel, uno de los emblemas históricos de la románica Aguilar de Campoo (7.500 almas).

Las desapariciones misteriosas tienen casi siempre nombre de mujer. Y ese año fue especialmente aciago. Porque aquel 1992 no sólo desaparecieron las dos chicas de Aguilar y las tres niñas de Alcàsser, sino también Gloria Martínez, de 17 años, que se esfumó sin dejar rastro el 29 de octubre cuando estaba en un sanatorio psiquiátrico de Alfàs del Pi (Alicante).

Pero las desapariciones, sobre todo aquellas de jóvenes y adolescentes, jamás inquietaron demasiado a la Policía ni a la Guardia Civil. “Se habrán ido de casa unos días. Ya volverán cuando sientan hambre y se queden sin dinero”, era la poco tranquilizadora explicación que algún agente insensible solía dar a los angustiados padres. Sólo el terrible mazazo social que supuso el caso de Alcàsser, avivado y agrandado por el programa televisivo Quién sabe dónde, hizo que el Ministerio del Interior decidiera tomarse en serio el asunto. Desde entonces, la Comisaría General de Policía Judicial cuenta con una unidad que centraliza y actualiza los datos de los miles de desaparecidos que son denunciados en España.

La tarde del 23 de abril de 1992, Virginia y Manuela decidieron ir a bailar a la discoteca El Jardín de Cupido, en Reinosa (Cantabria). Horas más tarde, alguien las vio cuando hacían autostop con intención de regresar a Aguilar de Campoo. Alguien contó que había visto cómo se paraba ante ellas un coche blanco. Pero pasó el tiempo y las chicas no volvieron a sus casas. Desde entonces, la Guardia Civil de Palencia no ha obtenido la menor pista de ambas jóvenes. Ha rastreado en pos del coche blanco, pero sin el menor éxito. Ha hecho indagaciones en Francia, donde el padre de Manuela trabajaba de guarda de seguridad en unos grandes almacenes, pero sin el menor éxito. Los agentes hablaron con vecinos de la zona donde las muchachas fueron vistas por última vez, pero nadie ha sido capaz de facilitar un dato que permita aclarar qué fue de ellas. Nada.

Trinidad Espejo, que reside a tiro de piedra del cuartel de la Guardia Civil de Aguilar, no quiere hablar con ningún reportero sobre la desaparición de su hija y de su amiga Manuela. “Estoy harta. No me fío de ustedes desde que los periódicos publicaron que los dos cráneos encontrados en el embalse de Requejada eran de Virginia y Manuela”, se enfada. Se refiere a las dos calaveras humanas halladas en octubre de 2001 junto a uno de los pilares del pantano palentino. Los análisis del Instituto de Toxicología confirmaron que aquellos huesos descarnados databan de la Guerra Civil.

Trinidad acude cada tarde, con inexorable puntualidad, a echar una partida de cartas en el hogar del pensionista. “Espérela usted aquí. Llega siempre a las seis menos cuarto”, confía una de sus amigas, aunque todas ellas coinciden en que La Trini no suele hablar jamás de su hija y que tampoco lo hará 14 años después de “aquello”.

La mujer, en efecto, irrumpe en la sala social a las seis menos cuarto. “Estoy convencida de que mi hija está viva”, es lo único que mantiene una y otra vez cuando se le pregunta. ¿Pero ha tenido alguna llamada, alguna carta o alguna noticia que le haga abrigar tales esperanzas? “No, no he vuelto a saber nada de ella. Pero para mí que Verónica está viva mientras nadie me traiga su cadáver”, remacha antes de pedir que le dejen en paz.

Los abogados palentinos Luis Antonio Calvo y Margarita Calle, en nombre de la asociación feminista Clara Campoamor, han mantenido abierto el caso de las niñas de Aguilar todo lo que han podido. “Pero todas las posibilidades de encontrarlas y todas las líneas de investigación han resultado infructuosas, por lo que el Juzgado de Cervera de Pisuerga ha decretado el archivo provisional del asunto”, declara Calvo. Éste, que desde hace ya un par de años no ha vuelto a tener contacto con las familias afectadas, admite que “el caso tiene muy mal cariz”.

La Guardia Civil, como es habitual en este cuerpo, sostiene que ningún asunto queda en el olvido. Pero tiene que admitir la evidencia de que carece de cualquier pista que sirva para aclarar dónde están Virginia y Manuela. Vivas… o muertas.

El pequeño de Guadalajara estuvo once meses desaparecido
El niño Dónovan Párraga es hallado muerto en una fosa séptica a escasos metros de su domicilio

Fosa donde fue hallado el menor fallecido. Foto: Javier Prieto Herrero
Dónovan Párraga tenía doce años cuando desapareció de su domicilio el 27 de febrero de 2002. Once meses más tarde, su cuerpo fue hallado a escasos 100 metros de su casa, sumergido en una gran balsa de aguas fecales situada en una antigua depuradora de la urbanización “La Beltraneja”, junto a la localidad de Trijueque, en Guadalajara. La Guardia Civil halló los restos mortales del menor el 23 de enero, tras vaciar la ciénaga. Según el subdelegado del Gobierno en Guadalajara, Jonás Picazo, fue necesaria una orden judicial para dragar la balsa de agua, debido a que se encontraba en una propiedad privada.

Urbanización la Beltraneja. Foto: Javier Prieto HerreroCinco días después de la aparición de los restos mortales en la fosa séptica de Trijueque el laboratorio de ADN de la Guardia Civil confirmó que los restos humanos correspondían a “un hijo biológico de Francisco Párraga y Gloria Rodriguez”, padres del pequeño. La identificación fue realizada por científicos del Ministerio del Interior y de la Universidad de Granada. Por otra parte, un informe del Instituto Nacional de Toxicología sobre los análisis realizados a los restos de Dónovan Párraga descartó categóricamente que la muerte del niño se debiera a un asesinato y la participación de terceras personas, mientras consideraba “muy probable” que se trate de un accidente.

La investigación sobre la desaparición de Dónovan se prolongó infructuosamente durante once meses, desde que el menor desapareció sin dejar rastro el 27 de febrero del pasado año junto a la urbanización de su casa. Tanto la familia como las autoridades y los miembros de la investigación pusieron sus esperanzas en la distribución de la imagen de Donovan Párraga, que circuló por Madrid y Guadalajara en medios de comunicación, carteles, camisetas, pegatinas y hasta en bricks de leche y yogures.

Sin duda, la principal de las iniciativas puestas en marcha para intentar localizar al menor desaparecido fue la de imprimir su foto en ocho millones de yogures que circularon durante dos meses, una experiencia pionera en España que presentó el Defensor del Menor, Pedro Núñez Morgades. Esta campaña se sumó a la que otros 42 colectivos y empresas que llevaron a cabo, consistente en la distribución de 250.000 carteles con la foto de Dónovan en productos, locales comerciales, taxis, comercios, restaurantes o páginas web.

Posteriormente, el juez del caso, Javier Merchante, decidió cerrar el caso “por no existir ningún elemento que haga pensar en la posibilidad de un homicidio”, puesto que el dictamen forense se inclina por la hipótesis del accidente. Sin embargo, García Montes, abogado del padre de Dónovan, afirmó que la decisión del juez “es un disparate”, ya que, en su opinión, no concluía en su informe el cierre de ninguna de las hipótesis planteadas, lo que denotaba que “no sabe lo que ha hecho”.

Francisco Párraga, padre del niño Dónovan Párraga, presentó un escrito en el juzgado que investiga el caso para solicitar una segunda autopsia de los restos del menor. Marcos García Montes, abogado de Francisco Párraga, explicó que adoptaron esta determinación porque en la primera autopsia “había muchas preguntas sin resolver y queremos resolverlas”. Según el letrado, el padre de Dónovan quería aclarar, entre otras cosas, la fecha del fallecimiento de su hijo y para ello contaron con la colaboración del doctor José Manuel Reverte, médico especialista en medicina legal y forense.

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2 thoughts on “Casos extraños en España…

  1. Amigo investigador:

    Como bien sabemos ambos, 800000 personas consideradas “Expedientes de Alta Extrañeza” (jerga española) o “X” (USA), desaparecen en circunstancias ilógicas, absurdas racionalmente e irreversiblemente sin dejar rastro al año en esta Tierra. Me ha interesado vivamente dicho dato desde hace muchos años… Tengo al fin mi propia hipótesis sobre ello y la utilizo como dato estadístico dentro de otra teoría más amplia… Si quieres conocerla e intercambiar ideas, responde a vuelta de correo en: mago-juan@outlook.com

    Gracias por tu interesante web.

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