Cuando el miedo era real: leyendas urbanas y aventuras de infancia

Recuerdo cuando era pequeño las historias que contaban los más grandes y adultos. Esas historias de terror que se contaban por el miedo de que ocurriesen de verdad. Cuando íbamos al campo o al bosque, siempre nos alertaban de cosas que ocurrían o se llevaban a los niños —el hombre del saco—. Esa época en que el hombre del saco era un personaje de miedo que se llevaba a los niños en un saco. Recuerdo que, estando en el bosque, nos hacían llevar un pito para ir tocando de vez en cuando por si ocurriese algo. Caminando y pitando para que los padres supieran dónde estábamos.
En la playa pasaba igual. Con los ojos de pollo o esos remolinos que chupan cuando pasas cerca o pisas. Se abre el suelo y te chupa. Una vez atrapado, desapareces bajo las aguas. Otra que bajo el mar te cogían y te llevaban. Muchas leyendas urbanas que, hablando de los ovnis, te abducían bajo el agua sin dejar rastro. Decían que muchos niños y personas desaparecían bajo las aguas. En esa época eran más sanas las cosas y con un miedo diferente al de ahora. Ya os digo que esta generación y alguna otra —estamos vivos, desaparecían, milagro—.
“Las leyendas urbanas de los años 70, 80 y los 90 fueron historias sanas y una vida imposible de repetir”
Los padres siempre contaban cosas y los hijos, a captar órdenes. Siempre nos metían miedo y los misterios eran algo más que un misterio. Era algo más que eso. Ahora estamos más avanzados con la tecnología y todo lo que hoy en día tenemos, pero esos años eran mucho mejores. Todo era más sano y hoy en día el mal está en todas partes. Aun así, éramos unos supervivientes y hacíamos de todo sin tener miedo. Íbamos a la montaña solos o con amigos y hacíamos de todo. El disfrute fue notable. Sí que es verdad que también existían desapariciones de niños y poco más. La cosa era más de terror que de gore.
Siempre se habló del hombre del saco y de esos sádicos que descuartizaban a la gente. Incluso se decía que tiraban los restos al contenedor de la basura. Nosotros, como jóvenes, buscábamos evidencias. El grupo de amigos que iba a la montaña y se hacían cabañas con cuatro palos, pasando las horas en el lugar entre charlas. Se contaban historias y se hacía fuego mientras se vivía la experiencia. Buena experiencia y buena juventud feliz —nada que ver con lo que tenemos hoy—. ¿Sería real todo eso que nos contaron? ¿El hombre del saco sería un ser real? Toda una gran aventura.
“Años dorados de aventuras y misterios vividos. Pocos grupos y mucho trabajo de campo”
Aun así, diciendo lo que decían nuestros padres, no hacíamos caso. Íbamos a la montaña, cementerios, ouija, espiritismo y más allá. El miedo era 0 y todo era más sano. Esa época no volverá y ahora, de mayor, te acuerdas de cosas sacando una sonrisa. No veíamos el peligro y menos en lugares solitarios. Ahí donde nos enterábamos de que existía el misterio, cogíamos las bicicletas e íbamos para el lugar. Incluso, cuando estábamos en el sitio misterioso, nos quedábamos y hacíamos un fuego para hacernos de comer y así estábamos todo el día —fueron otros tiempos—. Incluso podría decir que la vida pasaba más despacio que ahora. Ahora mismo los años pasan rápido y cuando éramos jóvenes, no. No existía en los hogares nada de lo que actualmente hoy en día tenemos.
Pienso que, como todo en la vida —todo cambia—, no podemos hacer nada para seguir siempre con la misma línea. Creo que la tecnología y la telefonía móvil mataron todo lo que en esa época se disfrutó. Sin más que contar, lo dejamos aquí. Sin más, me despido.
Saludos a todos.
Miguel Ángel.
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