Sanar a través de los sueños: La vida de un visionario

Los sueños. Algo que todos tenemos y lo disfrutamos siempre que sean bellos. Recuerdo un chico de unos 16 años que solo tenía sueños espectaculares. Se llamaba José y residía en una zona de España muy cerca de Portugal. Me contó cosas muy interesantes que hoy en día sigue teniendo. En los comienzos tuvo muchos problemas con sus padres porque pensaron que no estaba bien y que necesitaba a un especialista. Decía cosas que ocurrían o que incluso sus padres se enteraban con miedo. El hijo causaba respeto en sus entornos familiares y más, por ser un chico o niño raro, extraño, diferente a los demás. Por ello, siempre estuvo mirado con lupa por muchos. De joven le costó encajar en el mundo, pero con el paso del tiempo se fue adaptando. Sabía que era diferente y especial —un ser enviado por Dios—, del cual los sueños le daban información. No todos los sueños eran como tal, pero sí que, muchas veces, eran para la gente donde José le daba las pautas de lo soñado. Muchos, como digo, no lo entendían y le tenían miedo.
No querían saber nada de ello, tuviera la información que tuviera. José en ese aspecto era muy precavido y entendía perfectamente a la gente. Recuerdo que un día fue cerca de un cementerio a buscar unas flores en el campo. Ese cementerio estaba a las afueras del pueblo y esas flores también. Fue y vio que había muchas. Sin pensarlo, se puso a recolectarlas. Estaba claro que José sabía de muchos temas, pero no podía comentar nada porque no tenía con quién hacerlo. Él siempre buscaba a alguien como él, pero no era fácil. Todos los que llego a conocer eran de otras comunidades autónomas. No había forma de tener a alguien físico y tener una amistad para compartir experiencias. Sabía que en el mundo o donde él vivía poca gente era como él o espiritual y eso, muchas veces, le daba pena. Mientras recogía las flores, vio algo cerca de él; más bien lo sintió. Se levantó y miró hacia atrás, pero no había nadie. Él seguía cogiendo flores y en eso que escucho algo tras el muro del cementerio. Fue hacia el ruido y escuchó claramente que alguien lo llamó con una voz alarmante. Fue, entró y vio a un hombre asustado en el suelo mirando al fondo de un pasillo. Ese hombre en el suelo era un vecino del pueblo y le comentó que sí veía lo que estaba viendo.
«Los sueños, los mensajes y la verdad de todo. La gente con miedo cuando se les dice la verdad y que nadie quiere escuchar. José tenía ese talento»
José claramente le comentó al hombre que sí. Veía a una pequeña niña asustada que no era de este plano. Era una niña que al parecer falleció y está encerrada en el plano y en el cementerio. A esa niña se le tendría que ayudar para que avanzara. En eso, el vecino, cuando lo escuchó hablar como tal, claro y firme con naturalidad, salió corriendo, quedando solo José en el cementerio. La niña se acercó a él y le comentó que podía verla y sí, José afirmó con la cabeza y se sentaron a hablar en una especie de banco del lugar. Dejó las flores y siguieron con la tertulia. Algunos testigos vieron a José hablando solo y otros no. Era extraño porque muchas veces lo veían con una niña y otras solo. No se entendía, pero algún testigo así lo afirmó.
Llegó un momento en que la niña dijo que se tenía que ir, que ya era hora de hacerlo, y así fue. José se despidió dejando una flor en el mismo banco para ella. La niña le dio un beso en la mejilla y desapareció. José disfrutó de la velada y pensó en ir más veces a verla para ayudarla a cruzar al otro lado. Estar aquí era estar atrapada en espacio-tiempo y eso, al parecer, no era normal. Llegando a casa, vio que la gente aún más le miraba raro. No entendía nada sobre ello y el porqué lo llamaban como un bicho raro. Cierto que, recuerdo que me dijo que algunos vecinos le decían que se fuera del pueblo, que lo que tenía era signo del mal, del maligno. José en ese caso nunca se enfadó ni discutió con nadie.
«Con cada tiempo o año que iba pasando, la gente era más reacia a José. No lo querían en el pueblo. Sus padres siempre capearon a favor de él y siempre le decían que no hicieran caso».
En algunos sueños la niña aparecía y le daba amor incondicional —como si fuera un ángel— y así fue. Un día la niña le dio un adiós porque le reclamaron los cielos. Se marchó y José se quedó solo. Todo esto me lo contó y la verdad que tenía pena por él, pero con los años me comentó que fue mejorando. Se hizo mayor y sus padres unos ancianos, donde un día partieron. Conoció a una mujer de su edad que le dio 2 hijos. Eran felices, pero sus visiones, sueños y más allá seguían agudizándose, pero él lo tenía todo en segundo plano. Me contó que, con el paso de los años, esos hijos eran maravillosos y uno de ellos tenía lo mismo que José. Gracias a él, los hijos fueron encaminados y ayudados para enfocar bien esos talentos que fueron pasados de padre a hijo.
Estaba claro que los sueños son reales y mensajes del más allá. No se sabe realmente de dónde vienen. Esos viajes astrales y más cosas que le ocurrían a José. También sobre ver entidades, la ayuda a la gente y mil cosas más. La ciencia tendría que estudiar estos casos reales para sacar a la luz que la mente y el cerebro tienen mucho que decir hoy en día a la ciencia. Pues bien, así fue la historia de José, que llegó a anciano con sus nietos lleno de sorpresas en el núcleo familiar. Estaba claro que ellos tenían algo que poco se ve en la actualidad. La vida es un gran misterio donde unos pocos llegan a saber. La verdad está ahí fuera. Sin más, me despido.
Saludos a todos.
Miguel Ángel.
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