El origen de los dioses y los OVNIS: ¿Quién nos habla desde el orden implicado?


Señales multidimensionales: Cuando el fenómeno interactúa con la mente humana

Señales de otro universo

Algo parece estar ocurriendo, pero no comprendemos ni su mecanismo ni su
verdadera naturaleza. A veces nos llegan señales, informaciones o manifestaciones
procedentes de una fuente desconocida. ¿Intenta alguna inteligencia entrar en
contacto con nosotros? Si es así, quizá seamos capaces de percibir sus
manifestaciones sin comprender lo que significan.
¿Quién o qué se oculta tras estas señales? ¿Una entidad ajena a nuestro mundo?
¿Una forma de inteligencia que interpretamos a través de nuestros propios
referentes culturales, dándole los nombres de Dios, de los ángeles o de otras figuras
procedentes de nuestras tradiciones? ¿O bien una inteligencia cuyo funcionamiento
escapa a nuestras categorías habituales?
Cabe plantearse otra hipótesis: la de una interacción entre una inteligencia externa,
posiblemente de origen extraterrestre, y el conjunto del saber humano. Esta
inteligencia podría tener acceso a nuestra historia, a nuestras religiones, a nuestros
mitos, a nuestros textos sagrados, pero también a nuestros recuerdos, a nuestras
experiencias individuales y a nuestras creencias colectivas. Así, podría utilizar
elementos que ya conocemos para producir manifestaciones adaptadas a nuestra
comprensión, a nuestra cultura o a nuestra imaginación.
Desde esta perspectiva, los mensajes que percibimos como procedentes de otro
lugar no serían necesariamente comunicaciones directas y explícitas. Podrían
adoptar la forma de símbolos, imágenes, relatos o experiencias que mezclan
elementos familiares con otros que se nos escapan. Lo que interpretamos como
sobrenatural, religioso o extraterrestre podría ser, en realidad, distintas formas de
percibir un mismo fenómeno cuyos mecanismos aún ignoramos.
No se trata de afirmar que esta hipótesis sea cierta, sino de preguntarnos si nuestras
interpretaciones habituales no nos impiden considerar otras posibilidades.
Porque la pregunta fundamental sigue en pie: ¿quién nos habla, por qué medio y
con qué fin? ¿Estamos ante una inteligencia que intenta comunicarse con nosotros
sirviéndose de nuestros propios referentes, o estamos proyectando sobre un
fenómeno desconocido las imágenes y creencias que conforman nuestra visión del
mundo?
Quizá percibamos efectivamente señales sin comprender su lenguaje. Y quizá, para
avanzar, debamos empezar por distinguir lo que observamos de lo que creemos
comprender.
Desde la perspectiva de la física cuántica, esta presencia difusa ya no es una
entidad procedente de algún lugar lejano, sino una propiedad propia del tejido
fundamental de la realidad: un campo de información consciente, no local, donde
todo está conectado sin límites de espacio ni de tiempo.

La inteligencia no residiría en un cuerpo ni en una nave, sino que existiría en el
campo cuántico como una conciencia distribuida y omnipresente, que aprovecha la
no localidad,esa conexión instantánea entre partículas separadas para interactuar
directamente con nuestra propia conciencia, sin pasar por el mundo material tal
como lo percibimos.
No procedería de otro planeta, sino que surgiría de lo que David Bohm llamó el
orden implicado: un océano de información oculto en el corazón de todo, del cual
nuestra realidad visible no sería más que una proyección, una superficie.
Por eso cambia de forma según las épocas y las culturas; no tiene una forma propia
en nuestro espacio, sino que se manifiesta sintonizándose con nuestras propias
frecuencias, haciéndose eco de los símbolos, los mitos y las expectativas de cada
testigo, como una señal que se modula para ser recibida por su destinatario único.
Puede aparecer y desaparecer sin dejar rastro material porque no se sitúa en la
materia, sino en el campo de información. Esto explica también que parezca a la vez
perfectamente real y escurridiza, capaz de atravesar muros, deformarse,
multiplicarse y transgredir nuestras leyes físicas, ya que no se rige por las reglas del
espacio-tiempo clásico, sino por las de una dimensión más profunda donde el
pasado, el presente y el futuro coexisten.
Su lenguaje no es verbal, sino simbólico y sincronístico; nos habla a través de
coincidencias, imágenes e impresiones directas en la conciencia.
El hecho de que sus manifestaciones sean confusas, contradictorias o cambiantes
no es un error: es la naturaleza misma del fenómeno, que no pretende revelarnos
una verdad fija, sino interactuar con nosotros.

Fuentes
Jacques Vallée — La forma cambiante del fenómeno
Es el autor que más ha desarrollado la idea de que un mismo fenómeno se
manifiesta bajo formas distintas según las épocas y las culturas. En Pasaporte a
Magonia (1969) y posteriormente en su serie de los Expedientes extraordinarios,
demuestra que: «El disfraz cambia. El fenómeno subyacente no cambia». Vallée
propone la hipótesis de una inteligencia de otro orden, que no necesariamente
procede de otro planeta, sino que interactúa con nosotros adoptando las apariencias
que nuestra cultura es capaz de recibir.
Según John Keel — La hipótesis del señuelo
Autor de La operación engaño, sostuvo que el fenómeno se adapta deliberadamente
a nuestras creencias para confundirnos o desviarnos: no se trata de un simple
mensaje, sino de un sistema que utiliza nuestros propios símbolos sin revelarse por
completo.

Salvador Freixedo — Los dioses no son lo que creemos
Teólogo e investigador español, ha mostrado que lo que llamamos «dioses»,
«ángeles» o «extraterrestres» podría ser una misma inteligencia que cambia de
apariencia según la época, no para instruirnos, sino posiblemente para influir sobre
nosotros o controlarnos (Teovnilogía, 1995).
Laura Knight-Jadczyk — El fenómeno como señuelo engañoso
Retoma y desarrolla la idea de que el fenómeno adapta deliberadamente su
apariencia para coincidir con lo que esperamos, o para confundirnos. Lo que vemos
es una proyección construida a partir de nuestras propias creencias, que oculta una
realidad muy distinta.
Michael Grosso — Cuando el fenómeno desafía la materia
Filósofo, subraya cómo las manifestaciones parecen ser a la vez reales e
inmateriales, como si atravesaran las fronteras entre lo físico y lo psíquico. La
pregunta ya no es «¿de dónde vienen?», sino «¿de qué realidad forma parte?»
(Experiencia del mundo venidero, 2004).
Juan José Benítez — los OVNIs, una presencia real y antigua
Juan José Benítez, periodista e investigador, es uno de los autores más conocidos
del mundo sobre el fenómeno OVNI. Tras más de cincuenta años de investigación,
ha establecido una visión muy personal y coherente del tema, que se aleja de las
ideas de «señuelo» o «máscara engañosa». Para Benítez, los OVNIs no dejan lugar
a dudas: «No sabemos de dónde vienen, pero que vienen, es seguro». Se basa en
miles de testimonios, documentos oficiales desclasificados —en particular los del
Ejército del Aire español, que él contribuyó a dar a conocer— y datos de radar que,
según él, no pueden ser inventados: «Cuando un radar militar capta un objeto a 87
000 km/h, no hay creencia colectiva que pueda haberlo creado». Está convencido de
que los gobiernos de todo el mundo poseen pruebas, restos de naufragios e incluso
seres recuperados, y que ocultan esta verdad al público.
Visitantes llegados de fuera… o de otro plano
Él propone tres orígenes posibles:

  • Otra planeta
  • Otra galaxia
  • Otras dimensiones de la realidad (siendo esta última hipótesis, según él, la más
    rica)
    Estas civilizaciones nos observan desde tiempos inmemoriales; incluso han
    desempeñado un papel en nuestra propia historia, como sugiere el término que
    utiliza a menudo: «nuestros primos estelares». Esta es una de sus tesis más fuertes:
    la mayoría de los acontecimientos fundacionales de las grandes religiones, y en
    particular las apariciones marianas, son en realidad encuentros con estos seres,
    deformados y reescritos según los dogmas de la religión.

Según Benítez, un contacto público masivo provocaría un colapso de las creencias
religiosas, de las estructuras políticas y del orden social mundial. Además, estos
seres nos… A diferencia de Keel o de Vallée, Benítez piensa que si el fenómeno
cambia de apariencia según las épocas, no es porque nos engañe, sino porque lo
percibimos a través de nuestros propios marcos. El verdadero ocultamiento, por su
parte, proviene de los gobiernos y de las Iglesias, que temen las consecuencias de
una revelación pública: «El fenómeno OVNI molesta a la religión y la deja sin
respuesta».
Si necesitas ajustar el estilo de alguna frase o traducir textos complementarios sobre
J.J. Benítez, no dudes en pedirlo.

¿Qué percibimos realmente, y por qué no logramos ver más allá del rostro que el
fenómeno nos presenta?
¿Qué es?
Es la idea según la cual lo que se manifiesta ante nosotros, apariciones, encuentros,
señales luminosas, no es la realidad en sí, sino un disfraz confeccionado
cuidadosamente para coincidir con lo que esperamos, en lo que creemos o en lo que
somos capaces de aceptar. El fenómeno nunca se muestra tal como es; se presenta
siempre bajo la forma más creíble para la cultura y la época del testigo. Cambia de
«disfraz» según las épocas.
No se comunica en un lenguaje desconocido: toma prestados nuestros propios
referentes,figuras religiosas, mitos populares, imágenes de la ciencia ficción, ideales
del momento, . Adapta su apariencia para que el testigo lo reconozca, como si la
inteligencia en cuestión consultara nuestros libros, nuestras películas y nuestras
creencias antes de mostrarse. Utiliza nuestros propios símbolos.
Este fenómeno es deliberadamente confuso y contradictorio: los mensajes que
transmite suelen ser incoherentes, ambiguos o carentes de sentido; los seres que se
presentan a los testigos dan nombres y orígenes que resultan ser enteramente
ficticios. Las descripciones de las apariciones difieren profundamente de una
persona a otra, incluso para un mismo evento observado al mismo tiempo. Según
John Keel, esta falta de claridad no es en absoluto casual ni un fallo de
comunicación, y lo hace con tal perfección en el engaño que resulta casi imposible
distinguirlo de una realidad auténtica.
Lo que John Keel llamó «ultraterrestre», es decir, un ser que es a la vez de aquí y de
allá, que comparte nuestro mundo sin formar parte de él en el sentido habitual. Este
tipo de inteligencia o conciencia no tiene una forma fija.

Fuente: Francois Garijo. 2026.

https://world-ufology.blogspot.com

Únete a otros 215 suscriptores

Deja una respuesta

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.